Ecoetiquetado: criterios básicos comunes en todo el mundo

La aceptación del ecoetiquetado ha ido creciendo en todo el mundo como un instrumento de mercado para promover la prevención de la contaminación y la sostenibilidad.

Cada programa nacional refleja diferentes prioridades ambientales nacionales, por lo que para evitar posibles barreras comerciales y facilitar una producción más sostenible en todo el mundo, es útil desarrollar programas de reconocimiento mutuo y criterios básicos comunes.

El ecoetiquetado tipo I

Son sistemas voluntarios de calificación ambiental que identifican y certifican que ciertos productos o servicios tienen una menor afección sobre el medio ambiente. La norma aplicable para este tipo de etiquetas es la ISO 14024. Básicamente, una ecoetiqueta es una etiqueta que identifica las preferencias globales de un producto dentro de una categoría de producto basada en sus impactos ambientales potenciales en su ciclo de vida. De esta manera se reconocen las principales características medioambientales del producto de manera más sencilla que la cuantificación medioambiental de datos.

El ecoetiquetado tipo II

  • Está regulado por la norma ISO 14021.
  • Etiquetas ecológicas y declaraciones medioambientales.
  • Autodeclaraciones medioambientales.

Se trata de declaraciones informativas sobre el medio ambiente realizadas por el propio fabricante/titular del producto. Dichas declaraciones se pueden hacer de diferente forma, aunque lo más habitual es en forma de texto, símbolo o cifras. No se suelen certificar, aunque deben llevar un estudio apoyándolas. Dentro de este grupo destaca el ecoetiquetado de reciclabilidad y de contenido en material reciclado.

El ecoetiquetado tipo III

  • Está regulado por la norma ISO 14025:2007.
  • Etiquetado ecológico y declaraciones ambientales.
  • Declaraciones ambientales Tipo III.

Se basa en verificaciones independientes que emplean índices predefinidos y que proveen informaciones sobre los contenidos y características del producto. Esta información se obtiene a través de un ACV del producto. Este tipo de marcado, aunque es el que mayor base ambiental tiene, es de difícil entendimiento por parte del consumidor final, por lo que en la mayoría de los casos no resulta eficaz.

El marcado supone una diferenciación de producto por lo que debe significar un reconocimiento del mismo, debido al buen comportamiento ambiental. Éste debe traducirse en un aumento de competitividad por parte de la empresa que lo produce y un aumento del negocio, provocado por el mayor número de clientes comprometidos con el medio ambiente.